Jesús no vino a darnos religión, vino para que tengamos una relación con Dios.

Antes que nada, Jesús está en contra de la religión. La religión fue creada por el hombre en un intento de poder llegar a Dios, pero Jesús es el intento de Dios de llegar al hombre.

La religión es una lista de reglas y rituales que la gente piensa que Dios quiere que hagan, para complacerlo. Muchos tienen una lista diferente, por lo cual tienen diferentes religiones. Jesús no dijo, vine para que tuvieras una religión. Jesús dijo: “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”. (Juan 10:10)

Fuiste creado para conocer a Dios de una manera personal—para tener una relación con Él, a través de Su Hijo, Jesucristo.

El problema es que una cosa te separa de tener una relación con Dios, el pecado. Cada vez que pecamos, no vivimos según el santo estándar de Dios. De hecho, Romanos 3:23 dice, “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Romanos explica que el castigo por el pecado es la muerte—Separación de Dios en el infierno para siempre. No importa lo mucho que lo intentemos, no podemos salvarnos ni librarnos de nuestros pecados. No podemos ganar nuestro camino al cielo por ser buenos, ir a la iglesia, o ser bautizados (Efesios 2: 8-9).

Dios, el creador del universo, tiene un plan para ti y tu vida. Él te ama y quiere ayudarte porque Él te hizo a propósito, con un propósito. Sabe que necesitas ayuda. Sabe que no puedes hacerlo por tu cuenta. Comprendiendo cuán impotentes somos a causa de nuestros pecados, Dios envió a Su único Hijo, Jesús, para salvarnos.

No tienes que estar a la altura de algún estandarte religioso e imposible para conocer a Dios; no puedes, sólo Jesús puede. Jesús vivió una vida perfecta y sin pecado, y luego murió en la cruz para pagar el castigo por nuestros pecados (Romanos 5: 8). Tres días después, resucitó de los muertos, mostrando que había triunfado sobre el pecado y la muerte de una vez por todas.

Todo comienza con aceptar a Jesucristo como tu Señor y Salvador.

Romanos 10:9 nos promete: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios se levantó de los muertos, serás salvo.” Si todavía no has comenzado tu relación personal con Dios, simplemente repite esta oración de todo corazón.

Querido Señor Jesús, admito que te he fallado. He pecado y necesito tu perdón. Creo que viviste, muriste y resucitaste de los muertos para que pudiera estar conectado con Dios. Te accepto como mi Señor y te doy mi pasado, presente y futuro. Te entrego mi vida. Tomala y úsala. Amén.

Felicidades!

Si usted oró para recibir a Jesús como su Salvador, por favor háganoslo saber! Si tiene alguna pregunta, queremos ayudarle a dar el siguiente paso. Visítanos este domingo o llene este formulario.

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